Me junté con mi hermana en el DF para hacer el que ha sido, el viaje más increible de mi vida. Horas antes de irme de Guadalajara, Tyrone y yo habíamos peleado, terminando nuestra relación. El viaje por México y Guatemala sería volver a reencontrarme, pero el amor ciego que sentía por Ty hizo que la que la emoción de mi viaje se transformara en buscar un ciber café para ver si me había escrito. Hasta que lo hizo, diciéndome que no concebía su vida sin mí y que el amor que sentía era inexplicable. Nunca dejamos de escribirnos. Me contó que tenía trabajo nuevo, que pasaba por afuera de mi casa todos los días para acordarse de mi, que estaría en el Terminal cuando volviera a Guadalajara y me ofreció irme a vivir con él. Le respondí que iríamos viendo todo en el camino, pero que lo único que me importaba era tenerlo cerca.
Llegó el día de la despedida de mi hermana. La dejé en el aeropuerto del DF y me fui corriendo al Terminal para llegar lo antes posible a Guadalajara. En el camino, las mariposas no me dejaban tranquila. La ansiedad por ver a Ty tampoco. Una hora antes del término del viaje, entré al fétido baño del bus, me arreglé, me peiné, me maquillé. Quería que Ty me viera más bonita que nunca.
Por fin el bus se detuvo. Había llegado. Me bajé tiritando de nervios. Busqué mi bolso y te vi. Estabas comiéndote las uñas, supongo que igual o más nervioso que yo. Entré a la sala de espera y te susurré "Ty", inmovil mientras tú te acercabas. Tomaste mi bolso, lo dejaste en el suelo, me abrazaste con ganas y me diste un beso tierno. Me tocabas la cara, me dabas besos, te reías sólo. Nos subimos a un taxi de la mano. Yo te molestaba por tu corte de pelo al estilo James Dean que no me gustaba para nada, pero tú habías ido a la peluquería para verte bien para mí. Llegamos a tu casa y salimos a comprar unos tacos. Volvimos, conversamos, te conté del viaje y tú, tus aventuras solo en aquella ciudad. Te sentaste al lado mío y nos quedamos mirando a los ojos por largos minutos, mientras nos decíamos todo en silencio. La luz acompañaba el romanticismo y después 35 días, volvía a estar en tus brazos, tocar tus labios, olerte y sonreír por tenerte cerca. Lloramos y nos juramos amor eterno, ¿Te acuerdas? Que nos sentíamos ridículos llorando porque no había ni una razón para llorar, pero estábamos repletos de felicidad.
Estuve contigo una semana en esa casa. Isabel se devolvía a España y me dejaba el departamento unas cuadras más arriba. Tú me ayudaste a cambiarme a ese lugar, el que luego se convirtió en nuestro hogar. Las mejores noches eran cuando te esperaba en el balcón lleno de velas con la comida lista y tú me gritabas "Julieta" desde la calle. Esos domingos donde no nos levatábamos y pasábamos todo el día regaloneando. Cuando me escondías flores en algún rincón de la pieza. O los insomnios que pasábamos caminando hasta altas horas de la madrugada en esa ciudad donde fuimos familia. Cocinar y hacer el aseo juntos, sobre todo el equipo que formábamos para lavar la ropa a mano. Ver películas todas las noches y cómo me alegabas cuando me quedaba dormida. Ir al supermercado una vez a la semana, que era mi fascinación. Ser la más feliz al verte llegar y la más triste cuando te tenías que ir al trabajo. Tanto así que al final dejabas que te acompañara. Poner el despertador 10 minutos antes para poder hacerte masajes antes de que te fueras a trabajar, para que se te pasara lo mal genio.
Yo lo recuerdo todo como si fuera ayer y se me salen perlas con sabor a amor por los ojos. Te cuidé tanto, eras mi más preciado tesoro. Teníamos tantos planes. Mi día comenzaba y terminaba contigo, y ni siquiera nos dejaron despedirnos. Tuve que viajar a tu país para poder creer te habías muerto. Hice todo lo que alguna vez me contaste que querías hacer conmigo. Cuando volví a verte fue en el ataud. Me quedé contigo una hora, no entendiendo nada. Te rogué que despertaras, que no me dejaras sola. Te di un beso, te abracé, estábas frío. Me devolví a Chile con tus cenizas, para tener mi propio funeral.
Hoy, con y sin ti, espero con ansias el plan de volver algún día a esa ciudad, sentarme afuera de nuestro departamento y volver a sentirme tan viva como lo era contigo. O atreverme a hacer todo lo que queríamos, pero ahora sola. Algunos dicen que estoy loca para hacer eso y yo respondo, ¿Y qué sabes tú? Más loca estaba cuando estaba contigo, ¿no, Ty?